El radicalismo de Córdoba volvió a mostrar su fuerte división, la falta de al menos un atisbo de estrategia común y una carencia absoluta de pragmatismo para resolver las cosas con idea de conjunto. Es cierto que habrá más tiempo para nuevas negociaciones, porque si esta semana hay acuerdo todos podrán levantar las listas que presentaron anoche y confeccionar una sola nómina de candidatos legislativos y de autoridades partidarias.
Pero aun en ese caso, sería una lista única forzada, para salir del paso, que no reflejará la deseada unidad partidaria. Sencillamente, porque esa unidad está lejos.
En este proceso la dirigencia radical no pudo ponerse de acuerdo casi en nada. Primero quedó en evidencia la división acerca de formar o no alianza con el Frente Cívico. La mayoría de los núcleos se opuso e impidió que la cuestión fuera debatida por el Congreso Provincial del partido.
Es decir, se cercenó el debate de tan importante tema. Luego, no pudieron acordar sobre la idea que dio vueltas de armar una lista única de candidatos a legisladores y postergar la elección de autoridades partidarias para después de las legislativas de junio, lo que hubiera descomprimido la tensión actual por el futuro manejo del partido.
Finalmente, la mayoría de las corrientes –todas, menos la de Mario Negri– intentó ayer un acuerdo de unidad para condicionar y sumar después al negrismo y tampoco pudieron. Aun cuando la historia se revierta en los próximos días y se llegue a un acuerdo final, los radicales deberán curar heridas –porque las hay y profundas– para lanzarse luego a una campaña con desafíos complicados. Tendrán que remontar la ventaja que, objetivamente, hoy le llevan el Frente Cívico y el justicialismo.
Además, la UCR de Córdoba se queda afuera de la estrategia nacional de formar un amplio frente opositor, en una elección que cada vez adquiere más perfil nacional. Los trapitos del radicalismo cordobés se ventilarán el fin de semana en la Convención Nacional, en Mar del Plata. Y como existe el riesgo de que el partido quede atrapado en una interna para la que casi no hay tiempo, algunos temen que tanta pelea y confusión sean propicias para una intervención del partido. Suena exagerado, extemporáneo. Pero solucionar las cosas a tiempo es el mejor remedio para evitar sorpresas.
Fuente: La Voz - Martes 31 de marzo de 2009
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